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Nuestra Institución es una Unidad Educativa con código SIE 81981490 reconocida por la Dirección Departamental de Educación, estamos habilitados para dar libretas con su respectivo código RUDE en Pre-kínder y Kínder. Brindamos asesoramiento psicopedagógico permanente a los padres de familia. Plantel docente capacitado para la enseñanza en el nivel inicial y con formación profesional en el área educativa.
viernes, 24 de junio de 2011
14º mes - Mira quien habla
13º mes - Hermanito al acecho
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miércoles, 22 de junio de 2011
32º mes - Pequeños Karatekas
| Para los chicos la agresión es una forma de conocerse y establecer relaciones. Yo soy yo En ciertos periodos de su desarrollo, el niño responde a menudo con agresividad a las exigencias de su ambiente. Alrededor de los 2 años, "NO" es el término clave de sus cóleras y escenas. Un poco después, a los 3 años, refuerza sus rabietas con golpes y patadas. Estas reacciones no son signo de un carácter difícil: aparecen cada vez que debe superar una etapa importante de su evolución. Sus rabietas, sus peleas y sus negativas muestran una personalidad que busca expresarse y hallar su lugar. En este sentido, la agresividad es un signo de buena salud. Los niños suelen manifestarse con conductas agresivas frente a cambios en el entorno, por ejemplo, la llegada de un hermanito. Sin embargo, si la agresividad se vuelve habitual podría expresar un trastorno afectivo. En ese caso, es una señal de alerta para los padres. Es necesario darse cuenta de que no se siente bien y buscar el porqué ¿Reaccionan los papás con demasiada severidad? ¿El chico quiere llamar la atención de una mamá "distraída" o de un papá "demasiado ocupado"? ¿Es celoso?... Tal vez un chico agresivo haya tenido poca oportunidad de acostumbrarse a otros niños, e imagina que son amenazadores y peligrosos para él. También puede ocurrir que esté celoso del hermanito recién nacido y descargue su miendo y resentimiento sobre otros niños pequeños, como si fueran sus competidores. Un psicólogo infantil estará en condiciones de solucionar el problema si las causas y la solución no son tan evidentes. AMIGOS a los golpes Una de las edades más vulnerables a los cambios se ubica entre el segundo y tercer año de vida: comienza la organización y estructuración del lenguaje y el pensamiento. Casi todos estos niños tienen estallidos temperamentales: han adquirido sentido de sus propios deseos e individualidad. Sobreviene un período en el que el pequeño se muestra desafiantes intenta afirmar su independencia recién descubierta. Entre los chiquitos se plantean peleas y agresiones que son normales y naturales: es necesario que los conflictos existan para aprender a resolverlos. Estos enfrentamientos aparecen como algo natural al integrarse a un grupo: suelen resolverse a través de la agresión física o verbal. En un niño, la actitud agresiva puede traducir un deseo de entablar una relación: la disputa es una forma de relación. Todos conocemos amiguitos inseparables que se pelean todo el tiempo. El lenguaje corporal es muy vivo en esta etapa y la pelea tiene a menudo ese aspecto positivo de diálogo algo violento. Entre el permiso y el límite Es preciso que los padres sepan enfrentar positivamente esos pequeños conflictos y los aprovechen en beneficio de la educación. Ciertos adultos no soportan las disputas infantiles. Una actitud represiva, reprobadora o dramatizadora no ayuda a los niños y pueden agravar las cosas: las peleas infantiles, en general, se resuelven rápidamente. ¿Cómo actuar eficazmente para ayudar a los niños a canalizar sus impulsos agresivos? En cierto sentido, el comportamiento agresivo es una pulsión de vida. Prohibir la agresión difiere su manifestación e indirectamente la refuerza. Si los chicos son castigados sin distinción cada vez que se pelean o se pegan, tenderán a resolver el conflicto a escondidas del adulto: con una tensión igual no arregla las cosas. Querer hacer justicia a todo precio, incluso cuando no se conoce el origen del conflicto, conduce a injusticias que lo agravarán. Forzar a darse un beso cuando no lo sienten, es algo falso e inútil. Por otro lado, aceptar la agresión es brindar respuestas, es otra forma de reforzarla: el niño agresivo está demandando límites que lo contengan. Los padres deben dilucidar el mensaje que encierran estas conductas y propiciar la evolución de sus aspectos positivos. Los negativos deberán hallar ocasiones para su liberación: hay que encauzarlos, no desconocerlos ni reprimirlos. Muchos niños a los que se considera "agresivos" no han encontrado todavía otros medios para expresar su necesidad de afecto y de contacto. Con una actitud paciente y comprensiva se los puede ayudar a encontrar otros modelos de relación. En el diálogo con ellos debemos interesarnos por la causa del conflicto y no por los protagonistas. Que la agresión física no debe ser siempre impedida, pero sí enmarcada dentro de consignas inamovibles: "no se puede lastimar, no hacer sufrir". La agresión es una respuesta natural, muchas veces necesaria en una etapa del crecimiento: los niños solos saben manejarla y preservarse. No nos asustemos. |
31º mes - Y de pronto, la fantasía
| En esta edad irrumpe de pronto la fantasía y parece no tener límites. Algunos padres se preocupan, será el niño un fabulador o un mentiroso Una de las características inherentes al ser humano es el uso de la imaginación. A partir de los 2 años y medio o 3, irrumpe esta cualidad que nos acompañará durante toda la vida. A partir de este momento, y por algún tiempo más, los chicos fluctuarán entro lo imaginario y lo real. La imaginación invade el juego y surgen las grandes imitaciones. Largas horas delante del espejo, cambiando de disfraz y por sobre todo, el gusto por escuchar una y otra vez el mismo cuento. Algunos padres se asustan y no saben como reaccionar ante semejante caudal de fabulaciones. Pero esta es la manera que los chicos tienen de entender lo que pasa a su alrededor, y también de disfrutar experimentando con posibilidades nuevas y distintas. Un mundo mágico La ilusión es el rasgo característico del mundo infantil. Hasta los 4 años la ficción y lo simbólico se manifiestan en todas sus actividades. Escuchan mil veces el mismo cuento y ojo con cambiarles un párrafo. "Los cuentos deben ser el alimento de nuestros hijos en la primera infancia, luego lentamente, avanzan hacia la abstracción" dice el filósofo Jaime Barylko. A los chicos le encanta escuchar e inventar historias, necesitan muy poco para convertir algo simple en un juego, que acompañan de un relato fantástico. Pueden inventar durante horas situaciones y aventuras y es posible que, luego de eso, cansados, corran a pedirle a un adulto que les cuente un cuento. En esta etapa aparecen preguntas inevitables: cuando, y entonces, cómo hizo, me contás otro. Los cuentos les resultan una buena excusa, además, para estar cerca de alguien que quieren. También en esta edad los chicos se inventan un compañero imaginario con el que charlan y del cuál hablan mucho. Es como si los juguetes, las historias y los objetos no alcanzaran para su imaginación. Entonces necesitan crear un nuevo personaje que, muchas veces, incluso tiene un nombre. Como su nombre lo indica, el compañero imaginario es justamente eso, una compañía que el pequeño se suministra a sí mismo para dialogar, jugar, quitarse culpas de encima o retar. Esto tiene que ver con el descubrimiento que el niño hace de su propia identidad. En ese compañero depositan muchas de las cosas que menos les gustan de sí mismos. Si bien aún no distinguen perfectamente la realidad de la fantasía, no se dejan engañar por su propia imaginación. Lo que debe entenderse es si este compañero se hace centro de interés del niño y ocupa la mayor parte de su vida. Entonces el personaje estaría llenando algunas carencias, angustias, conflictos que requieren mayor atención y cuidado especial de los adultos. Es importante aclarar que, siempre y cuando no esté suplantando afectos, la presencia de este personaje es saludable para el niño. Verdad o mentira En esta etapa los chicos no pueden diferenciar objetivamente lo verdadero de lo falso, para ellos todo lo que cuentan es cierto. Las mentiras forman parte de su juego, del uso creativo de la imaginación. Hasta los 4 años aproximadamente, las mentiras formarán parte de la vida del niño. Mientras tanto, conviene recordar que durante la infancia es normal contar mentiras. Lo importante es diferenciar cuando la mentira es un placer lúdico y cuando es un pedido de auxilio. Si un chico miente deliberada y continuamente, puede estar tratando de decir algo que le cuesta transmitir de otro modo y le provoca vergüenza. Si bien es cierto que los niños tienden a fabular, los padres deberían estar atentos a regular esa capacidad, recordándoles sin cohibirles el juego y la creación, la importancia de la sinceridad y la autoridad. Respetar el mundo simbólico de los chicos no significa hacerles creer que la vida es un cuento de hadas. Hay una realidad objetiva en la que estamos inscriptos. |
32º mes - Pequeños Karatekas
| Para los chicos la agresión es una forma de conocerse y establecer relaciones. Yo soy yo En ciertos periodos de su desarrollo, el niño responde a menudo con agresividad a las exigencias de su ambiente. Alrededor de los 2 años, "NO" es el término clave de sus cóleras y escenas. Un poco después, a los 3 años, refuerza sus rabietas con golpes y patadas. Estas reacciones no son signo de un carácter difícil: aparecen cada vez que debe superar una etapa importante de su evolución. Sus rabietas, sus peleas y sus negativas muestran una personalidad que busca expresarse y hallar su lugar. En este sentido, la agresividad es un signo de buena salud. Los niños suelen manifestarse con conductas agresivas frente a cambios en el entorno, por ejemplo, la llegada de un hermanito. Sin embargo, si la agresividad se vuelve habitual podría expresar un trastorno afectivo. En ese caso, es una señal de alerta para los padres. Es necesario darse cuenta de que no se siente bien y buscar el porqué ¿Reaccionan los papás con demasiada severidad? ¿El chico quiere llamar la atención de una mamá "distraída" o de un papá "demasiado ocupado"? ¿Es celoso?... Tal vez un chico agresivo haya tenido poca oportunidad de acostumbrarse a otros niños, e imagina que son amenazadores y peligrosos para él. También puede ocurrir que esté celoso del hermanito recién nacido y descargue su miendo y resentimiento sobre otros niños pequeños, como si fueran sus competidores. Un psicólogo infantil estará en condiciones de solucionar el problema si las causas y la solución no son tan evidentes. AMIGOS a los golpes Una de las edades más vulnerables a los cambios se ubica entre el segundo y tercer año de vida: comienza la organización y estructuración del lenguaje y el pensamiento. Casi todos estos niños tienen estallidos temperamentales: han adquirido sentido de sus propios deseos e individualidad. Sobreviene un período en el que el pequeño se muestra desafiantes intenta afirmar su independencia recién descubierta. Entre los chiquitos se plantean peleas y agresiones que son normales y naturales: es necesario que los conflictos existan para aprender a resolverlos. Estos enfrentamientos aparecen como algo natural al integrarse a un grupo: suelen resolverse a través de la agresión física o verbal. En un niño, la actitud agresiva puede traducir un deseo de entablar una relación: la disputa es una forma de relación. Todos conocemos amiguitos inseparables que se pelean todo el tiempo. El lenguaje corporal es muy vivo en esta etapa y la pelea tiene a menudo ese aspecto positivo de diálogo algo violento. Entre el permiso y el límite Es preciso que los padres sepan enfrentar positivamente esos pequeños conflictos y los aprovechen en beneficio de la educación. Ciertos adultos no soportan las disputas infantiles. Una actitud represiva, reprobadora o dramatizadora no ayuda a los niños y pueden agravar las cosas: las peleas infantiles, en general, se resuelven rápidamente. ¿Cómo actuar eficazmente para ayudar a los niños a canalizar sus impulsos agresivos? En cierto sentido, el comportamiento agresivo es una pulsión de vida. Prohibir la agresión difiere su manifestación e indirectamente la refuerza. Si los chicos son castigados sin distinción cada vez que se pelean o se pegan, tenderán a resolver el conflicto a escondidas del adulto: con una tensión igual no arregla las cosas. Querer hacer justicia a todo precio, incluso cuando no se conoce el origen del conflicto, conduce a injusticias que lo agravarán. Forzar a darse un beso cuando no lo sienten, es algo falso e inútil. Por otro lado, aceptar la agresión es brindar respuestas, es otra forma de reforzarla: el niño agresivo está demandando límites que lo contengan. Los padres deben dilucidar el mensaje que encierran estas conductas y propiciar la evolución de sus aspectos positivos. Los negativos deberán hallar ocasiones para su liberación: hay que encauzarlos, no desconocerlos ni reprimirlos. Muchos niños a los que se considera "agresivos" no han encontrado todavía otros medios para expresar su necesidad de afecto y de contacto. Con una actitud paciente y comprensiva se los puede ayudar a encontrar otros modelos de relación. En el diálogo con ellos debemos interesarnos por la causa del conflicto y no por los protagonistas. Que la agresión física no debe ser siempre impedida, pero sí enmarcada dentro de consignas inamovibles: "no se puede lastimar, no hacer sufrir". La agresión es una respuesta natural, muchas veces necesaria en una etapa del crecimiento: los niños solos saben manejarla y preservarse. No nos asustemos. |
33º mes - Fantasmas que existen
| Hay chicos miedosos y otros que son capaces de cualquier cosa sin que se les mueva un pelo. Pero a veces aparecen ciertos temores que no tienen fácil explicación. Juan Manuel no soporta la oscuridad, Malena se niega a pasear en auto, Federico grita sin parar si se le acerca un perrito. Cada chico carga con su miedo y, aunque a veces parezca increíble, tienen su porqué. PROHIBIDAS LAS BROMAS El arsenal de fantasías con la que cuenta la mente infantil es un excelente alimento para esas sensaciones de angustia o inquietud que llamamos "miedos". Recostados sobre peligros reales, algunos temores aparecen como coherentes y aceptados. Si un chiquito se asusta al mirar por la ventana de un piso alto, cualquiera de nosotros entienda las causas e intenta explicarle que si lo hace a través del vidrio no tiene porqué preocuparse. Pero no todos los miedos poseen argumentos tan claros y transparentes ante nuestros ojos ¿Qué pasa con los chicos que tienen miedo de salir a la calle, de ir a un cumpleaños o de tener cerca el cachorrito simpático que le regaló la abuelita en el último cumpleaños? En primer lugar, debemos saber que ese temor siempre tiene que ver con algo no manifiesto. Cada vez que a un chico se le dice "¡Mirá qué miedoso!", no se tiene en cuenta que el miedo es absolutamente coherente cuando se encuentra el verdadero enlace. Lo peor que puede ocurrir, es que la familia empiece a decirle "sos un miedoso"; esos dichos tienen una connotación peyorativa que los estimulan a sentirse no valorados, no queridos y más expuestos al peligro. LAS FOBIAS DEL EDIPO REY A la hora de las interpretaciones, no se puede dejar afuera el contexto familiar ni la edad del chico. No es lo mismo el temor que siente un bebé de ocho o nueve meses ante los extraños que no son su mamá, que los temores obsesivos que experimentan los que están por ingresar al colegio. La aparición de miedos exagerados asociados con distintos objetos y situaciones, es bastante común en los chicos de entre tres y cinco años. Estos temores que no se debilitan ante la presencia de mamá, ni por la infinidad de explicaciones que reciben, fueron bautizados por los psicoanalistas como fobias infantiles. Entre estas fobias y el famoso complejo de Edipo, que es universal y por el cuál pasan todos los seres humanos, hay una estrecha relación. Parece ser que este complejo despierta una serie de deseos contradictorios y conflictivos con los papás que terminan generalmente en miedos inentendibles para los chicos. La historieta comienza cuando el chico, al desear tener a su mamá sólo para él, se siente excluído por el papá y fantasea con hacerlo desaparecer. Al comprobar que desear esto significa tener sentimientos hostiles o perder lo otro, se genera una gran incertidumbre. Durante este período es común que el pequeño imagine castigos demasiado crueles en relación a las faltas o desobediencias de las que es protagonista. Por más inconscientes que sean sus fantasías de eliminar al papá se llena de culpas. Antes que puedan aparecer en la conciencia, las reprime: así hacen su entrada triunfal las fobias infantiles. La figura del papá se desplaza a un animal u objeto y aunque el terror que delate un chico al ver un auto, por ejemplo, parezca absurdo, no lo es. El ya estableció esa equivalencia. DE PADRES A HIJOS No es extraño que a los chicos criados en familias en las que jugar en el arenero de la plaza es sinónimo de enfermedad les cueste bastante vencer sus miedos desde lo corporal. A pesar de que crecen les cuesta salir: les parece que todo lo ajeno implica un peligro. | |
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| La mamá que, ante el crecimiento de su hijo queda enfrentada con su propio vacío, es capaz de poner mala cara cuando su chiquito empieza el jardín: está expresando sus propios miedos. Pero también tiene que quedar claro, que lo que transmiten los padres es inconsciente para ellos mismos y esta es una de las razones por las que no tiene sentido llenarlos de culpas. |
34º mes - Los 10 errores más comunes de los padres
"La vida de una familia no puede regirse por los dictados de un libro. La misma es una combinación de personalidades y circunstancias. Sin embargo, aunque ames a tus hijos, los atiendas... procurá evitar los 10 errores más comunes que la mayoría de los padres solemos cometer".
1. Pelear delante de tus hijos:
Esto no significa que no podamos discutir o que nunca estemos enojados. Pero, lo que no es conveniente es "pelear" en todo el sentido de la palabra, agredirse verbalmente. Los niños se asustan frente a estas situaciones y perciben que todo está fuera de control.
2. No tener rutinas diarias:
Es muy importante que en un hogar haya ciertas rutinas preestablecidas: horario de las comidas, del baño, de ir a dormir, etc.
3. No ser coherente con la disciplina.
A veces, que los niños derramen el vaso en la mesa puede ser gracioso, otras; una indisciplina digna de ser castigada. De ser así, la disciplina pareciera residir en el humor de los padres. Los chicos necesitan que seamos coherentes y consistentes con las normas que dictamos.
4. Estar apurados todo el tiempo.
Es horrible para nuestros hijos despertar todas las mañanas urgidos por el tiempo: "Apúrense que llegamos tarde al jardín". El apuro nos quita el placer natural de disponer con tranquilidad de momentos para despertarlos, hacer fiaca con ellos, darles el desayuno, caminar en la calle de la mano.
5. Estar siempre pendientes de ellos:
Muchas veces se escuchan comentarios tales como: "no importa la edad que tengan los hijos, siempre serán pequeños para los padres". Por supuesto que es lógico sentir preocupación por nuestros hijos. A medida que ellos crecen y se dan cuenta de nuestras inquietudes, pueden gozar del increíble placer de jugar con nuestros más profundos temores y torturarnos con referencias casuales a los riesgos que ellos asumen cuando no estamos cerca.
Por esto, nuestra preocupación por saber cómo están no ha de ser obsesiva. Los chicos necesitan libertad para crecer.
6. Hacer muy poco por los chicos:
Algunas personas están convencidas de que cuantas más actividades tengan sus hijos, serán mejores adultos. Tal vez haya que recordar lo malo que es presionar a los chicos con tantas actividades, de lograr tantos éxitos.... y sea hora de revalorizar los momentos compartidos entre padres e hijos los fines de semana sin calendario previo, satisfechos por el sólo hecho de estar juntos.
7. Hacer demasiado por los chicos:
Cuantas veces seguimos visitando a nuestros hijos cuando saben hacerlo solos. Debemos entender que ha llegado el momento de permitirles ciertas libertades, de no ahogarlos con tanta presión, de asumir que han crecido y que cada vez más cosas que pueden hacer por sí mismos.
8. Pensar que los otros padres son mejores que nosotros.
¿Porqué nos tiene que importar tanto lo que otros padres hacen? ¿Estamos más preocupados por nuestros hijos o por ganarnos el premio a mejores padres? ¿Queremos que nuestros hijos verdaderamente disfruten de su tiempo libre o estamos compitiendo con otros padres por ver quién busca una mejor actividad para los niños?
9. Pensar que los otros niños son mejores que los nuestros
Medir los logros de un chico con respecto a otro es un tremendo error y casi siempre lo cometemos. Un padre no puede sentirse satisfecho por los éxitos de su hijo en comparación con los fracasos de otro niño. Cada padre debe aprender a apreciar los talentos de su hijo y a valorar sus logros.
10. Amenazar continuamente
Los chicos saben cual es el mecanismo de nuestras amenazas: asustarlos por un rato y después dejar todo sin efecto... Por eso, en la medida que puedas, no repitas tus amenazas.
Por último, tengamos en cuenta que como personas cometemos errores y que esto de ser padres se trata, ni más ni menos, de aprender diariamente junto a ellos, nuestros hijos, cómo ser mejores.
12º mes - Peligro mi hijo camina
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11º mes - La aparición del no
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9º mes - Un detective suelto en casa
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8º mes - Los primeros pasos hacia la independencia
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6º mes - Las primeras papillas
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5º mes - El stress puede estar también en casa
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