“No”, “no”, parece que todo para tu hijo todo es no. Si le pedís algo, si te acercás para jugar, si le preguntas una cosa, no importa qué, la respuesta es siempre la misma: NO. ¿Qué está pasando? ¿Se está rebelando?
Tu hijo necesita hacerse camino por sí mismo, lograr separarse y buscar su propia autonomía. Que una de las primeras palabras que aprende a decir es No, tiene su razón. En este desafío para lograr hacerse un individuo con ideas propias, para aprender a hacer cosas por sí mismo, para elegir diferenciarse, para constituirse como una persona singular tiene que defenderse de lo que vos y su papá desean para él…
Para tu hijo, el descubrimiento del no es un hito muy significativo en el camino de tu hijo para consolidar su independencia. Tan importante es para él ser capaz de decir NO como es el que se lo digan a él.
Un NO para cada cosa:
Escuchá a tu hijo, y hasta donde sea posible tomalo en serio cuando dice NO ya que en esta etapa puede decir NO a muchas cosas:
1. A comer determinados alimentos o directamente a no almorzar o cenar. No te alarmes. Por un lado un chico sabe que necesita comer y no se va a desnutrir por comer bananas 5 días seguidos. Seguro que a la semana siguiente tiene antojo de otra cosa.
2. A jugar con vos. Puede ser que quiera jugar solo o que juegues de una manera diferente de la que él espera.
3. A irse a dormir.
4. A irse de la casa de algún familiar o amigo.
5. A bañarse. Etc.
Como padres queremos que nuestro hijo aprenda a defenderse solo y que se respete y quiera a sí mismo. Por esto es tan importante el derecho que tiene de decir No y este derecho se adquiere en primer lugar en su casa, con su familia. El mismo empieza cuando tu hijo reconoce su derecho a preguntar, a saber, a rechazar. Si no tratamos a nuestro niño de 2 años con este respeto no podemos esperar que en ciertas situaciones especiales puede decir que no, que logre respetarse a sí mismo.
Que tu hijo se ponga frecuentemente difícil tratando de ejercer su poder es solamente señal de que está madurando. Dejémoslo crecer y apoyémoslo.
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Nuestra Institución es una Unidad Educativa con código SIE 81981490 reconocida por la Dirección Departamental de Educación, estamos habilitados para dar libretas con su respectivo código RUDE en Pre-kínder y Kínder. Brindamos asesoramiento psicopedagógico permanente a los padres de familia. Plantel docente capacitado para la enseñanza en el nivel inicial y con formación profesional en el área educativa.
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lunes, 21 de noviembre de 2011
La importancia del NO
La importancia del NO
Desarrollar el potencial de tu bebé está en tus manos
La inteligencia de tu bebé es un gran tesoro y de esta depende en gran medida su futuro. Si bien tu bebé al nacer tiene un potencial inmenso, la inteligencia es algo a construir.
Desde lo clínico se ha probado a través de las teorías del desarrollo cerebral que el cerebro no culmina su desarrollo al nacer. Existen millones de conexiones nerviosas a realizarse sobre todo en los primeros años, que dependen en gran parte de los estímulos externos.
¿Qué es la inteligencia?
La inteligencia es la capacidad de resolver problemas y además, de encontrar un resultado por diferentes caminos. Los primeros tres años de vida son por ello cruciales en el desarrollo intelectual y afectivo de tu bebé. Todo lo que reciba durante estos años le servirá de base para más adelante. Al brindarle mucho afecto y estimulación adecuada ayudarás a tu bebé a desarrollar de manera plena su potencial.
Nadie mejor que vos para estimular a tu bebé. Sos quién mejor lo conoce, la que mejor puede percibir sus necesidades. Para estimularlo ofrete como guía, brindále herramientas adecuadas y acordes a su desarrollo.
Sus experiencias de aprendizaje dependerán de cómo intervengas en ellas. Tu actitud hará que cada acontecimiento sea para tu bebé un desafío a superar, una meta a alcanzar, o por lo contrario; una tarea que no tenga sentido intentar. De esto se trata la estimulación: generar un ambiente donde, en tu compañía, tu bebé logre jugar "a su manera" y con sus tiempos. Al incentivarlo, si se frustra lo estarás ayudando a ser una persona con inquietudes, ávido por aprender más y más y capaz de adquirir confianza para enfrentar situaciones de manera independiente.
A medida que crezca sus experiencias se irán complejizando y el aprendizaje será cada vez más enriquecedor. La vida presenta a cada rato obstáculos, y tu bebé de esta manera va a estar mejor preparado para resolverlos.
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Ya gatea
Poco a poco y en cuatro patas, tu bebé se va "abriendo camino". La casa se convierte en un mundo lleno de nuevas aventuras a conquistar.
Sentado en el piso, tu bebé arroja su juguete. Casi con enojo mira fijamente su "preciado objeto". El cartel de "llegada" parece estar esperándolo. Tras muchísimo esfuerzo se abalanza hacia adelante. Logra ponerse en cuatro patas y encender los motores. Ahí va. Sigue y sigue hasta que: ¡Final de carrera! No tuviste que correr antes de que tu bebé rompiera en llanto: por primera vez, solito y gateando, pudo reencontrarse con su juguete.
¿Cuándo aparece el gateo?
Día a día el cuerpo de tu bebé se va desarrollando y sus estructuras y funciones se modifican. El gateo implica un avance en la maduración. Para que pueda gatear es necesario que haya adquirido ciertas habilidades de equilibrio que se dan alrededor de los nueve meses: primero domina la parte superior de su cuerpo y luego las piernitas. Si antes de que finalice el tercer trimestre colocamos a nuestro bebé en forma de carretilla, caminará con sus manitos. Solo después podrá acompañar con todo el cuerpo. Generalmente el gateo aparece cerca de los 8/9 meses y hasta los 12 meses, momento en el que se larga a dar sus primeros pasitos sin ayuda.
"Yo soy yo"
No todos los bebés gatean de la misma manera. Algunos ni siquiera lo hacen; se largan medio inseguros a dar sus primeros pasitos. La forma más habitual de gateo es en "cuatro patas". Es común, que antes de comenzar a movilizarse, el bebé practique balancearse hasta lograr alternar los brazos y las piernas. Algunos bebés se desplazan de manera diferente: sentados, apoyados sobre un costado del cuerpo o "caminando como osos"- pies y manos sobre el piso manteniendo extendidas las piernas-. En fin, cada bebé tiene su personalidad y el gateo es parte de ella. Al bebé no le interesa demasiado cómo llegar, sino hacerlo.
¡Todo lo que logré!
Con la novedosa aventura de poder explorar la casa, tu bebé descubre un mundo mucho más amplio. Es por eso, que se dirige a cuanto rincón existe tocando y chupando todo. Es su manera de conocer las cosas. Desplazarse le permite entrar en el mundo social y empezar a realizar actividades lejos tuyo. Estos primeros intentos de independencia pueden traer aparejados signos de ansiedad que son normales: empieza a separarse de vos y lo asusta. Lo mejor que se puede hacer es a través del juego. Con referencia a este tema, la psicoanalista M. Malher expresa: "La distancia óptima en esta subfase temprana de ejercitación psicomotriz, parece ser la que permite al gateador en movimiento y exploración, la libertad y oportunidad de realizar tales actividades a cierta distancia física de su madre, pero a la madre siempre la necesita como punto estable, "como base de operaciones", que satisface la necesidad de reabastecimiento mediante el contacto físico".
Durante este período tu bebé va obteniendo también dos nociones importantísima: la espacial y la de profundidad. Con la primera, comienza a reconocer distancias y esto lo ayuda a ubicarse en el mundo. Con la segunda, conoce y explora el espacio vertical: cuando tu bebé está sentado en la sillita alta, somos las mamás las que sufrimos las consecuencias de arrodillarnos continuamente a levantar todos los objetos que ellos tiran una y otra vez. Pero esto tiene significado: al arrojar los juguetes de arriba hacia abajo, nuestro pequeñín percibe atentamente cuando se produce el ruido de choque contra el piso y esto lo va preparando para aprender a caer sin golpearse en el momento de caminar. Por lo tanto, mamá ¡mucha paciencia y mucho juego!
En sus marcas, listos, ya!
Mientras dure el gateo, es muy importante que estimulen a su bebé en sus progresivos ejercicios. A los niños gateadores les encanta ser perseguidos por detrás, dar vueltas sobre una alfombra y pararse con la ayuda de algún mueble o aferrado a las manos o piernas de algún mayor, dando así pequeños y tambaleantes pasitos que le dan cada vez más fuerza y equilibrio.
Si bien la estimulación y la ejercitación son muy necesarias hay que tener cuidado: a veces los padres queremos que nuestros hijos progresen demasiado rápido. Cada bebé tiene su propio ritmo. Si lo sobre estimulamos puede mostrarse reticente a gatear. Lo más apropiado es tener un lugar para él: "exclusivo y cercado para él": puede moverse con libertad y nosotras podemos seguir con nuestras actividades.
El valor del gateo es muy importante: indica que tu bebé se está preparando para caminar. Alrededor de los 12/13 meses el niño alcanzó un equilibrio general que posibilita dicha práctica. Algunos niños suelen regresar al gateo. Es normal y no merece demasiada preocupación. A veces, "dan un paso hacia atrás para luego dar un salto mucho más grande". Dándole tiempo y sin presionarlo, volverá a caminar en cualquier momento: sólo necesita mayor confianza y seguridad para afrontar nuevas situaciones.
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jueves, 10 de noviembre de 2011
GUÍA PARA BUEN SUEÑO
“Alzarlo,
cantarle, acunarlo, hasta la eternidad”
Llevarlo a
pasear en auto . Dejarlo llorar y entrar de a ratitos a
mirarlo. Hacerle un lugar permanente en la cama de los padres...
Todos
los padres de bebés conocen estas
opciones y se inclinan por una o por otra o por todas juntas según la noche y/o
el grado de desesperación. Ya lo dijo
alguien una vez, el que acunó esta frase: ”dormir como un bebé” nunca había
visto dormir a un bebé en su vida. El sueño de los bebés es por definición
interrumpido, en un principio por la necesidad de alimentarse cada pocas horas.
Pero
desde el momento en que las mamaderas nocturnas ya no son estrictamente
necesarias (alrededor del quinto mes)
los padres, más estrictamente las madres, empiezan a dar los primeros
pasos para restituir algún grado de normalidad nocturna. Es aquí donde
entran en juego las distintas teorías.
Algunas
como la del médico español Ed,. Estivill seguido por el estadounidense R.
Ferber, muy de moda, que recomienda “entrenar” a los bebés en el arte de
dormir, dejándolos llorar por períodos cortos, pero progresivos, hasta que
aprendan a dormir solos, e intentar que despierten en la misma situación en la
que se durmieron, para que puedan volver a conciliar el sueño sin ayuda.
En
el otro extremo están algunos adeptos que proponen “la cama familiar”,
remontándose a antiguas costumbres; esta postura recomienda compartir con el
bebé la cama de papá y mamá y dejarlo tomar la leche cuando él quiera durante la noche.
Argumentan que esto previene la muerte súbita, porque el bebé acompasa su respiración con la de los padres y que se
le trasmite mayor seguridad.
En
el medio hay otra postura posible, que es evaluar qué es lo que ocurre en cada
caso.
El
pediatra M. Elman dice “Muchas veces, cuando el bebé presenta algún trastorno en el sueño, es su manera de
expresar algo y lo Puede ser desde
el comienzo de una enfermedad,
hasta alguna situación perturbadora
vivida durante el día (aunque sea solo un paseo, una fiesta).
Alrededor
del quinto mes se considera que el bebé puede dormir de un tirón, pero otro
bebé quizá aproveche para tener a su mamá para él solo, porque no la ve durante
el día.”
Alrededor de los 8 meses (a
veces antes) los nenes atraviesan por la
llamada “angustia de la separación”, que suele acarrear pesadillas. “Esto
ocurre cuando el bebé reconoce sus pies y sus genitales y cobra conciencia de
que su madre es otra persona y teme que si la pierde de vista la pierde del
todo. Entonces la llama de noche y se calma fácilmente cuando ella acude.”
Algunas
premisas para tener en cuenta:
Ø
Si ya no toma leche de pecho que
acuda el padre a su llamado.
Ø
Acudir cuando el
bebé llama, pero no levantarlo.
Ø
No evitarle la
siesta “para que duerma de noche”: esto es contraproducente, ya que si quiere
dormir es porque lo necesita. El sueño no se suma.
Ø
Por seguridad
dormirlo de costado y sin almohada.
Ø
Ir desacelerando el
ritmo de las actividades, preparar un clima para el sueño.
Ø
Crearle una rutina
fija para la hora de dormir.
Ø
Ponerlo a dormir
con un muñeco, un peluche u otro objeto querido por el niño.
Ø
Por más pequeño que
sea hablarle mucho, acariciarlo, pero ser firme; no entenderá lo que se le
dice pero sí la sensación que uno tiene que
transmite: Amor y seguridad.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
A los 6 meses, un bebé sabe si le están gastando una broma o no
Los bebés muy pequeños de sólo seis meses de edad-, saben cuándo se les está tomando el pelo, que esta actitud no les gusta, y que expresan su disconformidad o reaccionan en consecuencia, de acuerdo con lo que aseguran científicos de la Universidad de York, en Canadá. Para afirmar algo tan polémico, los investigadores analizaron las reacciones de bebés de seis y nueve meses ante un juego que consistía en que un adulto se mostraba bien incapaz bien reticente a compartir un juguete con los pequeños.
Los bebés detectaron y aceptaron con calma el hecho de que el adulto no fuera capaz de compartir con ellos el juguete por razones que escapaban a su control pero, por el contrario, se mostraron agitados cuando resultó evidente que el adulto, simplemente, no tenía intención de compartir. Según la directora del estudio, Heidi Marsh, los bebés son capaces de diferenciar si se les está gastando una broma o si se está siendo manipulador con ellos, y además saben cómo transmitir su opinión al respecto. Según Marsh, esta es la primera demostración empírica de que los bebés tan pequeños son capaces de comprender las intenciones de los actos de los adultos. Hasta el momento, se habían obtenido evidencias basadas únicamente en la habituación visual de los niños ante determinados estímulos (la habituación en psicología es el proceso de acostumbramiento o aprendizaje no asociativo a los estímulos del medio interno o externo, y está considerada una forma alternativa de integración). Es decir, que estudios previos habían observado los patrones de las miradas de los pequeños cuando a éstos les eran presentados estímulos diversos pero, según la investigadora, esta fórmula de estudio resulta demasiado abierta a interpretaciones y, en consecuencia, a conclusiones confusas. Por otro lado, en investigaciones anteriores se concluyó que la capacidad de diferenciar las intenciones de los adultos no se desarrollan hasta los nueve meses de edad, algo que el estudio de Marsh desmiente. La investigadora señala que un niño de seis meses de edad, comparado con uno de nueve meses, expresa de manera distinta lo que sabe. Durante el estudio, los bebitos fueron sometidos a tres situaciones en las cuales el centro siempre fue un juguete: de bloqueo, de burla y de juego. En cada una de estas situaciones hubo una condición de incapacidad de compartir el juguete y otra de resistencia a compartirlo por parte del adulto. Así, por ejemplo, en la situación de burla, el adulto extraño sostuvo un sonajero cerca de los niños y, después, lo ocultó detrás de él (condición de resistencia a compartir). Asimismo, una atractiva pelota cayó accidentalmente, de manera que quedó fuera del alcance del adulto (condición de incapacidad de compartir). Los movimientos visibles tanto del adulto como del juguete fueron reflejo de las condiciones de cada prueba, esto es, fueron diseñados para que los niños pudieran comprender las intenciones o la situación del adulto. Incluso las expresiones faciales de éste se utilizaron para expresar resistencia a compartir o incapacidad para hacerlo. Los resultados fueron los siguientes: los niños de ambas edades (seis y nueve meses) desviaron sus miradas durante las pruebas en que el adulto se mostró renuente a compartir. En estas pruebas, además, los niños de nueve meses dieron golpes con sus brazos, mientras que los bebés de seis meses mostraron otro tipo de reacciones correspondientes a afectos negativos, como fruncimiento del ceño. Estas reacciones no se dieron en ningún bebé en las condiciones de incapacidad para compartir el juguete. Otro dato revelado por la investigación fue, según Marsh, que aquellos niños más independientes resultaron ser menos expresivos ante las situaciones de renuencia a compartir (por ejemplo, lloraban menos que otros), pero físicamente más proclives a demostrar una resistencia activa a la situación. Esta diferencia sugiere que es importante analizar las habilidades sociales y cognitivas de los niños para comprender el espectro de comportamientos sociales que puede darse a estas edades. La revista Infancy ha publicado un artículo detallado sobre esta investigación. La inteligencia y las capacidades de los más pequeños han sido objeto de diversos estudios en los últimos años. Sus resultados han permitido constatar el sorprendente grado de conciencia de los bebés, demostrando, por ejemplo, que éstos, con tan sólo cinco meses, son ya capaces de diferenciar entre sólidos y líquidos o que, con sólo dos o tres días de edad, ya pueden detectar el ritmo de la música. Fuente: www.neomundo.com.ar (Yahoo noticias) |
miércoles, 22 de junio de 2011
12º mes - Peligro mi hijo camina
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11º mes - La aparición del no
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9º mes - Un detective suelto en casa
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8º mes - Los primeros pasos hacia la independencia
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6º mes - Las primeras papillas
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